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Los libros no se comen pero alimentan |
Durante todo el mes de mayo, a la entrada de la biblioteca escolar de nuestro colegio, hay un “cocinero” que propone un menú semanal de tres platos (con tres títulos reales de otros tantos libros). Los libros sugeridos en el menú pueden leerse o consultarse en la biblioteca. Éstos son algunos ejemplos de menús semanales:
- Primer plato: “Las habas máginas”. Segundo plato: “Huevos duros”. Postre: “Las primeras fresas” - Primer plato: “Puré de guisantes”. Segundo plato: “El ratón del Señor Maxwell”. Postre: “Pastel para enemigos”.
¿ALIMENTAN LOS LIBROS?
Descartada la vía de ingestión bucal (y por tanto, la masticación e insalivación), es importante pensar en el poder alimenticio que los libros tienen para fecundarnos interiormente. A través de su lectura: nos asomamos a otras vidas, exploramos caminos desconocidos, entablamos conversación y coincidimos o discrepamos con los personajes más extraños, más honestos, más detestables… Viajamos a países alejados, remotos, de los que nunca habíamos oído hablar; podemos sonreír o llorar, preocuparnos hasta el extremo, alegrarnos como niños; sentir hambre o frío, conocer la soledad de primera mano o recuperar el valor de la amistad; podemos asociarnos para conseguir un propósito difícil de alcanzar o aislarnos para purificar nuestros pensamientos y encontrarnos con nosotros mismos. La lectura es la manera que tenemos de iniciar la digestión de cada libro que cae en nuestras manos, que nos interesa; luego, la historia que vamos leyendo irá interactuando con nuestra capacidad de comprensión, con nuestra sensibilidad, con nuestro bagaje cultural, con nuestras perspectivas de vida, con el momento que estemos viviendo cuando se produce la lectura… Y todo junto, hará posible una feliz digestión y posibilitará que el libro se convierta, realmente, en alimento para nuestra imaginación, para nuestros sentimientos, para nuestra capacidad de pensar, para hacer temblar nuestros afectos…
 LIBROS Y MALETAS
El pasado mes de febrero iniciamos esta aventura que dimos en titular: “LOS LIBROS NO SE COMEN, PERO ALIMENTAN”, una metáfora del significado de la lectura, como ya hemos explicado. Tres maletas, con libros en el interior, recorrieron todas las aulas del colegio con el fin de acercarlos a sus potenciales usuarios. Todo ello con la clara intención de favorecer la lectura en voz alta y colectiva o la lectura silenciosa y personal y también poner en valor las ilustraciones animando a su interpretación y a su lectura.
A la vez que el alumnado disfrutaba del contenido de la maleta, le pedíamos –con la intermediación del profesorado- que realizara una actividad plástica o plástico-literaria con unos soportes nuevos: platos de cartón y blondas de pastelería. Debían decorar el plato o la blonda y escribir: pareados, refranes, adivinanzas, caligramas, retahílas rimadas, menús literarios…, en castellano, catalán e ingles.
Durante este mes de mayo, se han ido exponiendo todos los trabajos del alumnado, a razón de una semana para cada ciclo y también todos los libros que contenían las tres maletas que salieron de la biblioteca escolar y han vuelto a ella para ofrecerse a los chicos y chicas que acuden a ella diariamente.
LA COLABORACIÓN DE LAS MADRES
Un grupo de madres fueron ornamentando la biblioteca. Los alimentos más variados, así como envases vacíos de diferentes productos, recibieron distintos tratamientos tendentes a ambientar la sala de lectura del colegio. Las madres del Grupo de “cuentalibros” o “cuentacuentos” eligieron algunos ejemplares de las maletas circulantes: “Comelibros”, “Paco Pasmón”, “La bruja rechinadientes”, “El pequeño conejo blanco”, “La sopera y el cazo” y “¡Ay!” y realizaron ocho representaciones para que todo el alumnado del colegio pudiera verlas y escucharlas.

Estas madres contadoras tienen claro que lo que promocionan es un libro (que está presente en el momento de contarlo) y, por tanto, la lectura; y que hay que hacerlo sin estridencias ni grandes montajes. No se disfrazan, visten de negro o de oscuro para que las niñas y los niños se concentren en la palabra, lo único que importa en este caso: la palabra contada, regalada, activadora de los sentimientos…
El alumnado, al finalizar el “cuentalibros” o “cuentacuentos” recibía un sorprendente regalo: veía sustituidos los tradicionales caramelos que recibían al salir de la biblioteca por un hermoso albaricoque de la huerta de Fraga y también recibían una pegatina de la biblioteca y un marcapáginas que contenía una mini-guía de lectura sobre la temática de la actividad.
Y COMO COLOFÓN…
En realidad, cuando leemos “nos comemos el libro” y, luego, “rumiamos” la historia leída en nuestro interior. Si lo que hemos leído nos ha impactado, la “rumia” puede durar un tiempo y puede modificar hasta nuestra forma de pensar, de actuar; si lo que hemos leído nos ha dejado indiferentes, la historia se irá diluyendo con rapidez y pasará a la zona oscura donde ya no se recuerda porque resultó intranscendente. Desde la biblioteca escolar de nuestro centro, seguimos, año tras año, tratando de acortar los caminos que conduzcan a la lectura, que es lo mismo que decir, a la cultura, a la curiosidad y al conocimiento.
Y para terminar, podríamos modificar un poco el slogan con el que comenzábamos estas líneas, diciendo que: “Los libros sí que alimentan, porque hay una manera de comérselos: LEYENDO”.
¿A qué estás esperando?
Mariano Coronas Cabrero (Coordinador del Seminario de Biblioteca y Literatura Infantil del CEIP Miguel Servet de Fraga)
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